[Review] DOOM: vísceras y adrenalina

Fuego, vísceras y metal. DOOM ha vuelto, y con él, mi pequeño niño interior con problemas de ira. Acompañadme en el retorno al reino infernal, os aseguro que será divertido.

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El primer juego de DOOM lo recuerdo vagamente. Hace un montón de años, siendo yo chiquitín, mi madre daba clases particulares en una academia. Mientras ella trabajaba, me dejaba bajo el cuidado del profesor de informática, que me ponía a jugar a los juegos que tenía en un ordenador que era viejo hasta para esa época. Uno de ellos era efectivamente el DOOM 1. Y yo, con mis 5 añitos, no entendía nada del juego. El informático le había metido los códigos para ser inmortal y me dedicaba a pasar por encima de los bichos con la motosierra una y otra vez. Tuve una infancia feliz.

 

El segundo juego de DOOM lo jugué gracias a mi tía abuela. Se había comprado la versión de GameBoy Advance y terminó por dármelo a mí porque no le gustaba “ese juego en el que la cámara te marea y todo el mundo grita”. Esta vez era algo mayor (unos 13-14 años posiblemente) y ya entendía un poco de qué iba el tema. Y me encantaba. No sé cuántas horas le habré echado en su momento, pero lo terminé en todos los modos. Creo que fue el primer juego al que le puse tanto empeño, y en el que terminé por descubrir todos los secretos. Aún teniendo la Nintendo DS con juegos modernos, de vez en cuando desempolvaba esa reliquia y lo volvía a exprimir hasta que me dolían los ojos. Me decía: “Joder, qué bueno es este juego, es una pena que este estilo ya no se haga”. Ahora bien, tenéis que entender que yo de joven tenía un muy reducido acceso a internet y ni siquiera tenía ordenador propio, por lo que no sabía que a esas alturas ya había salido un tercer juego. Un tercer juego que revolucionaba por completo la saga.

 

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Años después, cuando entré a la carrera, mis padres me compraron mi primer ordenador con la excusa de usarlo para trabajar. Y digo excusa porque lo fundí en cinco años a base de viciar como un energúmeno. El tema es que allí estaba yo, en mi primer año de carrera, en un piso de estudiantes en una ciudad con poco ambiente. El primer juego que instalé fue el Dead Space 1 (inicio de otra saga de la que os podría hablar en otro momento si queréis, también de mis favoritas) y cuando mi compañero de piso lo vio me dijo “Eh tío, si te gusta este así rollo survival horror, seguro que te iba a gustar el DOOM 3. Y claro, pues… bueno, colapsé.

 

Un nuevo mundo de sensaciones. Sensaciones en 3D. ¡Podías hasta saltar! Conservando la temática survival horror, con monstruos infernales difíciles de matar y extremadamente mortíferos. Con cuidado de que no te emboscasen, controlando tu gasto de munición y rezando por encontrar curaciones, avanzabas por las fases con una mezcla de angustia y excitación terroríficamente deliciosa. Y entonces pensé “Bueno, ahora sí, hasta aquí hemos llegado. Un viaje bonito, pero no hay ya mucho más”.

 

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¡JA! Once años después de este DOOM 3 sale el primer tráiler de DOOM. Así, a secas, sin numeración. El hype por las nubes… ¿fecha de lanzamiento? 13 de mayo de 2016. Un año de espera. Un año de mirar de reojo trailers y gameplays por miedo a hacerme ilusiones y luego llevarme una decepción. Y es que un año de espera sumado a otros once sin tener noticias de la saga es mucho tiempo de gestación para los sueños y esperanzas de el niño sangriento y psicópata que habita en mí.

 

Pero la espera terminó. Y ahí te despiertas, encadenado a una mesa de piedra con un bicho con un boquete en lugar de ojos acercándose a ti para intentar morderte. ¿Y qué haces? Rompes a fuerza bruta los grilletes, hundes tu pulgar en su cara y aplastas su cráneo contra el borde de la mesa. Y creedme que cuando os digo que es solo el principio.

 

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Pese a que la trama sea similar a los anteriores, el enfoque es algo diferente. Las reglas del juego han cambiado. Ya no luchas por sobrevivir. Luchas por saciar tu sed de sangre. Estás enfadado, estás armado hasta los dientes y todo lo que se interponga en tu camino será aplastado bajo tus botas. Literalmente. DOOM es un orgasmo de gritos, fuego y destrucción alimentados por una banda sonora nacida de las entrañas del averno. La mecánica de ejecutar a tus enemigos cuando tienen poca vida le da al juego un encanto particular, aportando rica variedad de animaciones a cada cual más gore. Una de mis favoritas probablemente sea la de arrancarle la mandíbula inferior a un imp y rebanarle el estómago con ella. Más o menos os hacéis una idea de por dónde van los tiros. Además, cuando ejecutas, recuperas vida, por lo que te puedes permitir entrar como en berserk liándote a escopetazos a quemarropa mientras compensas el daño recibido con curaciones.

 

Y hablando de berserk, seguimos teniendo el bufo, el cual nos convierte en dos puños de furia que oneshotean todo lo que tocan; pero también tenemos otros igual de extremos. Mi favorito es el de “Quad Damage”, que aumenta tu daño de manera aberrante volando medio torso hasta a un barón del infierno.

 

Quad Damage

 

Ahora bien, una review también debería tener algo malo, ¿verdad? ¿VERDAD? Desde mi punto de vista la variedad de enemigos es igual de escasa que en otras entregas, y a pesar de que tengas una cantidad ingente de formas nuevas de matarlos, sus mecánicas son las mismas y puede terminar por hacerse monótono. De la misma forma, los puzzles de cada nivel son bastante más sencillos que en las dos primeras entregas. Recuerdo en su momento haberme quedado atascado durante más de media hora en niveles por culpa de un algún interruptor más difícil de encontrar que un merengue en un bar del Barcelona. En esta ocasión el juego es bastante lineal (obviando los secretos como mapas desbloqueables que no son necesarios para avanzar en el juego).

 

Respecto a la trama, diría que tiene la justa para que te formules la pregunta de “¿qué ha pasado aquí?” y te reconforte descubrirlo a través de archivos perdidos tanto en el mundo humano como en el demoníaco. Pero más allá de eso muy predecible y estándar.

 

Pero ojo, que eso es lo que pienso que podría llegar a aburrir a otras personas con menos sed de violencia y sangre que yo. Por mi parte la adrenalina siguió bombeando a través de mis venas desde la primera cinemática del juego hasta los créditos. Sin duda una obra maestra que me demuestra que esta saga sigue viva y peleando.

 

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Lo peor: Más bien lo menos bueno es, como dije hace unas pocas frases, la variedad de enemigos y sobre todo sus mecánicas, que encuentro escasas llegadas a un punto avanzado del juego.

Lo mejor: La música. Perfectamente integrada en el juego, el tempo varía con la intensidad de la refriega de tal forma que ni siquiera te percatas del cambio. Simplemente tu adrenalina aumenta con la violencia y parece que el ritmo se acelera acorde (jeje, acorde). Diría que que es una visita al infierno de la mano de Mick Gordon (compositor también de otras obras maestras como la BSO de Wolfenstein o Dead Space 3) pero no estaría haciendo justicia a su trabajo. Mick Gordon nos empuja de una patada en el pecho a una caída libre hasta las entrañas del averno, dejando que el crepitar de las llamas, el aire silbando en nuestros oídos y los desgarradores gritos de los demonios hagan la melodía.

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