Gaming: desconexión generacional.

 

Mucho tiempo lleva activa la polémica centrada en los gamers y el mundo que los rodea, y aunque parezca que ya está todo dicho he considerado que necesitaba un artículo que sintetizase un poco el tema. Un artículo con una temática similar al último que hemos publicado, pero desde un punto de vista más neutral y de forma más pormenorizada.
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Parece buena idea empezar por el principio, ¿qué es un gamer? Un gamer es una persona que, independientemente de su edad, es aficionada a los videojuegos. Si bien es cierto que tiene otras acepciones, nos apoyaremos en esta como piedra angular de este artículo. Sin embargo, esta definición se nos podría quedar corta.

Y es que un gamer no es solo eso.

Ser gamers sobrepasa el coger un ratón, un teclado o un mando y estar horas frente a una pantalla. Ser gamer ha llegado al punto de considerarse para muchos una forma de vida. Un gamer nace del niño al que regalan una GameBoy y se entretiene con el Mario Bros, pero crece con cada juego, poco a poco, absorbiendo historias y superando retos.

Con el tiempo y gracias a la globalización actual resulta cada vez más sencillo estar conectado con personas de cualquier parte del mundo, por lo que es más fácil que los mejores en cada juego se puedan dar a conocer.

Además, si a una persona le gusta jugar a un juego es entendible que le guste ver jugar a la persona que mejor juegue a ese juego, y así nace una demanda. Y con una demanda, nace una oferta, y ya tenemos un mercado. De esta forma llegamos al gaming profesional, y, en el caso de los juegos competitivos, llegamos a los e-Sports.

¿Por qué la “e” de los e-Sports? Pues bien, yendo nuevamente a la definición, un deporte es una actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas. Efectivamente, los e-Sports carecen de ese componente físico, y por eso se hace una diferencia en el nombre, pero más allá de eso son exactamente lo mismo.

Los e-Sports tienen una afición, despiertan la pasión de los fans por sus equipos, generando lazos entre ellos y propiciando el hacer amigos. Sin ir más lejos las semifinales del LoL en Bruselas fueron una experiencia increíble para los que, como mi compañera Anpekora, asistieron.

 
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Al igual que en otros deportes, hay un negocio enorme montado alrededor. Contratos entre equipos y jugadores, sponsors que patrocinan a los profesionales…incluso cosas no tan agradables de tocar como encontronazos entre profesionales del campo que generan polémica y dan de comer a las malas lenguas. Al igual que un partido de fútbol o de baloncesto, un partido importante de League of Legends llena los mismos estadios. Tiene prácticamente el mismo seguimiento (incluso más en ciertos partidos) y hacer rugir de la misma forma a los seguidores.

Y es por todo esto que uno se pregunta ¿por qué pensar en un jugador profesional de los e-Sports de una forma diferente al de un jugador de Fútbol, Baloncesto, Tenis, Judo o cualquier otro deporte físico? ¿Por qué una cantidad de horas enorme dedicadas al día resulta una adicción para uno y una forma envidiable de dedicación para los otros? De la misma forma que no entras al agua a entrevistar a un nadador o a la pista de tenis para hacerle una pregunta a un tenista, esperar feedback por parte de un jugador de eSports en medio de una partida demuestra no entender que en su caso ese también es su espacio de trabajo. La entrega, disciplina y trabajo duro necesarios para llegar a lo más alto es el mismo para todos, y por ello debería ser igualmente respetado y reconocido.

Y si seguimos en esa línea, ¿que me diferencia a mí, fan acérrimo de los e-Sports, de un forofo del fútbol? (poniendo el fútbol como ejemplo por ser el llamado “deporte rey”). Recuerdo una anécdota al respecto que me llamó la atención especialmente referida a este tema. Estaba yo en época de exámenes de la universidad, y acostumbraba a ir a una biblioteca con otros universitarios. Por desgracia, cuadraba un partido importante a la tarde, y como tenía que estudiar sí o sí, decidí poner el stream del partido en una esquina de la pantalla de mi ordenador para poder echarle un ojo de vez en cuando y mantenerme al tanto de cómo avanzaba. Al rato pasa un compañero de carrera y ve que tengo el stream en el pc, y ni corto ni perezoso se me acerca y me suelta “Ostras tío, esto ya es de friki pero adicto, ¿eh?”. Yo, muy educado en ese momento y por no generar una situación incómoda, le sonreí secamente y seguí a lo mío, intentando actuar como si ese comentario no me hubiera afectado.

Pero cuál no sería mi sorpresa cuando, al rato, me levanto a por algo y veo que, esta misma persona tenía en su ordenador un stream de un partido de fútbol que se estaba jugando en ese momento. El hecho de que no fuese capaz de ver que no hay diferencia no solo me molesta, sino que me preocupa. Me preocupa que haya gente de mi propia generación que sufra una desconexión tan grande con sus coetáneos.

 
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Desde mi punto de vista la raíz del problema es un salto generacional grande y, en el caso de gente de nuestra edad, restos de esta desinformación y recelo nacidos en gente mayor. Imaginaos la perspectiva desde el punto de vista de unos padres que lo único que ven es a su hijo o hija encerrados en su habitación mirando a una pantalla que emite unas imágenes que no entienden en lo más mínimo y que están demasiado cansados o mayores como para molestarse en entenderlas.

Ellos solo ven a sus hijos día tras día haciendo algo que no devuelve una recompensa plasmable, ergo llegan a la conclusión de que es perder el tiempo. Y se preocupan o hasta se enfadan. Y en lugar de acercarse a preguntar ladran desde el marco de la puerta o gritan desde el otro extremo del pasillo que “vale ya de jugar, que estás todo el día enganchado”. Esto separa cada vez más a un extremo del otro de la ecuación, más sumandos se añaden con cada discusión. Llega un punto en el que el gamer se cansa de intentar explicarse y termina por limitarse a disfrutar de los juegos, asumiendo finalmente que es un incomprendido y cerrando esa parte de su vida a la vista de su familia.

Y este ejemplo de su familia es igualmente aplicable al entorno de sus compañeros de clase o colegas con los que queda que sueltan una pulla cada vez que saca el tema de los videojuegos: “mira que le metes horas a ese juego, ¿eh? Lo tuyo no es normal”. Y este chaval, que les habla de un videojuego porque le gusta, porque le aporta muchísimas cosas, porque despierta gran cantidad de emociones en él, porque forma una parte importante de su vida y quiere compartirlo con ellos siente que es un tema fuera de lugar, que a nadie le importa y que es mejor que se lo guarde para sí mismo.

Y así entramos en un círculo vicioso que se retroalimenta, donde uno se siente incomprendido y el otro ve a la otra persona como un marginado social. Un problema que no solo afecta al gamer, sino a los que lo rodea, fragmentando nuestra sociedad de forma innecesaria.

La pregunta del millón aquí es: ¿hay solución aquí?¿hay esperanza?

Desde luego que sí. Incluso en la generación anterior a la nuestra hay gente que se interesa por la verdadera realidad del gaming, que intenta plasmarlo en artículos como estos: [1] [2] [3]

No todo es polémica, no todo prensa amarilla. Y más allá de plataformas de información grandes, humildes proyectos como nuestra web intentan plasmar media vida de experiencias únicas frente a lo que no es una simple pantalla, sino una ventana a otros mundos.

Sin embargo, el verdadero cambio se dará cuando la generación actual de gamers de paso a la próxima generación. Esta generación nacerá de padres gamers, y aunque el gaming evolucione, la esencia, la raíz, será la misma, y la afición por los videojuegos será compartida.

Por parte de un servidor, lo mejor que se me ocurre es contribuir a este mundillo con el mejor contenido que mi cabeza y, siendo pasionales, mi corazón de gamer pueda aportar.

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